Bonita palabra para los que amamos la naturaleza.
Esos colores terrosos, mezclándose con los verdes apagados que se van fundiendo en dorados para completar el ciclo y morir en la ansiosa tierra que los está añorando.
Así bajaba yo a mi particular paraíso , un pequeño pueblo andaluz, el autobús tiene la especial particularidad de poder divisar mejor las alturas para reparar en los pequeños detalles que se van alzando en el paisaje, algo que no sueles apreciar cuando vas en coche..
Y allí estaba una casa esplendorosa y bermeja, con un diseño avanzado, en el que destacaba la gran pared acristalada desde la que sus moradores tendrían unas espectaculares vistas al río que bajaba con mucha paciencia desde la Alpujarra
Los contrastes a media tarde marcaban el rotundo valle, los patos acompañado a sus crías entre los charcos de juncos.
Me preguntaba que sensaciones experimentarían tanto sus dueños como los innumerables amigos que acudirían a visitarlos, al asomarse a través de ese interminable ventanal, entre las espaciosas charlas y sonrisas que traen el departir en momentos de ocio y descanso.
A través de mis amigos y de un taller de escritura llegué a conocer a sus dueños, una pareja de mediana edad, en absoluta sintonía con el diseño de la casa.
Ella sincera y coherente, atenta a lo sutil, con exquisita sensibilidad en lo aparentemente cotidiano, repleta de experiencia por ser una gran viajera, y con esa delicadeza que saben entender la madurez bien acogida y mimada por saber que se va quedar cada día un poquito más.
Él, simpático y guerrero, luchador incansable, toda una vida intentando conseguir una mejor sociedad para los más desafortunados, un eterno socialista, con esta ideología aplicada a su hacer cotidiano, amigo de sus amigos y condescendiente con los menos comprensivos, ya que la palabra enemigos aquí está ausente.
Y hoy llegó el día en que tuve el gran privilegio de estar de pie delante de ese ventanal interrogante de mi pensamiento, y poder disfrutar de un momento de sabiduría escuchando, los sinfónicos ritmos que como una relajante melodía van relatando mis compañeros, ritmos con compás de otoño que deliciosamente endulzan la tarde, a la que acompañamos de unos pestiños de elaboración casera, con el regusto de sésamo tostado, y siento como el sabor moruno realza la belleza de este paisaje andaluz, que se engrandece en presencia de buenas compañías, para darnos cuenta de lo afortunados que somos al compartir en este caso los sabores de otoño, y el gran regalo que la naturaleza pone a nuestros pies, ante esta variedad de detalles y sensaciones solo puedo dar las gracias a sus anfitriones Ljuba y Enrique por darnos la oportunidad de divisar esta joya que quedará en nuestra retina grabada y que sé que siempre iluminará nuestros recuerdos.
¡Suerte a raudales para vosotros mis queridos amigos !.
Noviembre 2023
Vélez de Benaudalla.
Manuela Illescas.